Amo el amor-idea, el amor-sentimiento, el amor-concepto. Amo el amor que no se siente, pero se siente tanto. Amo el amor que dura. Amo el amor que no tiene voz ni cuerpo.
Amo el amor platónico. Lo amo porque no depende de una interacción más que la de uno con uno mismo. Lo amo porque es un amor intenso que te calienta el alma y que es embeleso, más no tiene tintes de locura.
Amo el amor puro, perfecto, desinteresado. Amo ese amor incorpóreo que no necesita de abrazos. Amo ese amor que no te tiene atado, que no reprocha nada, que no te tiene preso.
Amo ese amor que no tiene nombre, ni olor, ni dirección. Ese amor que no te pide nada a cambio, y al que te puedes aferrar cuando cualquier otro tipo de amor está falto. Amo ese amor inconsciente con tintes de irrealidad. Amo ese amor que no busca, que no encuentra, que no satura, pero sí alimenta.
Amo el amor sencillo, de todos los días. Amo ese amor que no se parece a nada y que es miel que no empalaga. Amo ese amor de terciopelo, de seda y de algodón. Amo ese amor simple y llano; ese amor de amor. Amo ese amor casual y sin extravagancias, que vive igual en una rosa que en un verso, en una sonrisa o en la tonada de un madrigal.
Amo el amor que no es, pero que bien pudo serlo. Amo ese amor de intentos fallidos, de oportunidades no aprovechadas, de temores y suspiros. Amo el amor de a deveras, que no le hace falta un trabajo, o un regalo, o un sonido. Amo ese amor de soledad; ese que sabe tanto y tanto hace imaginar.
Amo el amor a destiempo, el amor a quejas y debilidad. Amo el amor que no duele, que no lastima, que no se deja intimidar. Amo ese amor estoico, perdurable, sólido, irremediable. Ese amor que no tiene salida ni pretende encontrarla. Ese amor que no vive en objetos, ni en personas, ni en recuerdos. Amo ese amor de novelas, y de ensayos, y de cuentos.
Amo al amor por lo que es sin pretender serlo. Ese amor inocente, ingenuo, complaciente. Amo ese amor que es dulzura y que es excitación. Amo al amor que confabula y complementa, pero que se mantiene único e indivisible.
Amo al amor complejo, al amor distante. Amo ese amor que se deja ver en tiempos, pero que siempre se encuentra presente. Amo el amor que no se ve de ordinario, pero que siempre está entre la gente. Amo ese amor de uno solo. Amo ese amor que es sólo de la mente.
Amo el amor-idea, el amor-sentimiento, el amor-concepto. Amo ese amor que no se arrepiente, que no da amargura, que siempre está consciente. Amo el amor del gallardo, de las flores y del canto. Amo ese amor que inspira, que incita, que entre líneas deja ver su condición de irrealidad interrumpida.
Amo ese amor que te mira para abajo y que te ve con ojos de ternura, pero que es arrogante y no se mezcla con los de mediana estatura. Amo ese amor orgulloso, ese amor que no se deja atrapar. Amo ese amor elitista, ese amor de conquista y de ganas de amar.
Amo al amor porque es y porque puede serlo. Amo al amor que logra, consigue y alcanza. Amo el amor que se sabe amor y no se arrepiente de serlo. Amo ese amor de ilusión, de risas y de consuelo.
Amo el amor de la cabeza, más no del corazón; porque el dolor del primero se quita con una aspirina o con donodol. Amo ese amor seguro, que no necesita interacción; ese amor individualista, ese amor solitario, ese amor sin pasión.
Amo el amor que se siente herido, pero que no da señas de aflicción. Amo ese amor de borracheras, de añoranzas, de ilusión. Amo ese amor de noches, de desvelo y de amarga desolación.
Amo al amor de prosa, pero amo más al amor de verso, pues en él se puede imaginar, y viajar, y vivir sin bostezo. Amo ese amor profundo, que no admite intermedios. Amo ese amor de atributos extraños, desconocidos y traviesos.
Amo ese amor de bote pronto; ese amor de drive-thru; ese amor de sólo un rato. Porque también en él se entrega el corazón, pero se recupera de inmediato.
Amo al amor de la belleza pura, clara, cristalina. Amo al amor que deja verse a la vuelta de la esquina, pero es suficientemente esquivo para no mostrar gesto alguno. Ese amor que te deja ser, que se vuelve contigo uno.
Amo al amor tímido de sueños y garabatos. Amo ese amor de niñez, de juegos inocentes, de barcos, princesas y harapos. Amo el amor de caricias y besos a granel de una madre tierna, de velas y pastel.
Amo al amor fascinante, al amor de pasión, al amor arrebatante. Amo ese amor de insanidad que no se cura y que puede abrumarte
Amo al amor porque es amor y no puede evitarlo. Porque sabiéndose esclavo se permite ser señor, y siendo señor se permite ser idolatrado y dejándolo todo se vuelve humilde servidor.
Amo al amor de protesta, al amor guerrero y luchador. Amo ese amor de coraje y de entrega; que no claudica y no se doblega. Amo ese amor que, superando al rival, al ajetreo y al trasiego, se sube a su carruaje de oro y volando se va.
Amo el amor de encuentros, de amores fortuitos. Amo ese amor de altibajos, de dolores y encantos. Amo ese amor que no parece acabar, y que acabando duele tanto.
Amo al amor de fortuna, de cambios y de premura. Amo ese amor que no da marcha atrás y sintiendo tanta ternura comienza su largo caminar.
Amo al amor-idea, al amor-sentimiento, el amor-concepto. Amo su impredictibilidad y a su eterno compañero el deseo. Amo el amor de esperanza, de sueños y de añoranza. Amo el amor de caricias etéreas y de besos escondidos en lontananza.
Amo ese amor sin rostro, sin voz, sin contorno. Amo el amor que no se ve, que no está, que no tiene lado. Amo ese amor que ilusiona, que conquista y apasiona, pero que a la vez es calma, y es tranquilidad a deshora.
Amo el amor de quien se encuentra desprotegido. Amo ese amor de faz distante y de ceño fruncido. Amo ese amor itinerante que va repartiendo amor, y caricias, y desplantes.
Amo a ese amor de caricias y de flores de alquiler. Amo ese amor de besos robados, o vendidos, o rematados. Amo ese amor que está herido, colgado de la pared. Amo ese amor de compra y venta, en el cual los sueños mueren al toparse con esa afrenta. Afrenta de perder valor al ser comparados con notas al portador.
Amo el amor en todas sus facetas y con todas sus personalidades. Amo al amor con sus predestinamientos y sus casualidades. Amo sus notas y amo sus acordes. Amo los sueños que con él vienen, y amo todas sus realidades.
Amo todo del amor. Amo desde el éxtasis hasta el dolor. Amo sus consistencias y sus contrariedades. Amo sus aciertos y sus equivocaciones. Amo los días de sol, así como los nublados días del corazón.
Amo al amor en todas sus facetas y con todas sus tonalidades, pero amo más al amor que no es del corazón. Amo al amor-idea, al amor-sentimiento, al amor-concepto.
Amo al amor que no se siente, pero se piensa. Amo el amor que no hiere ni desalienta. Amo ese amor que se encuentra flotando en el aire, etéreo. Amo ese amor que es de nadie y de nadie es dueño.
Amo al amor que no es consecuente. Amo ese amor que no es efecto, que no tiene nido entre la gente. Amo al amor de sonrisas. Amo al amor de caricias. Pero amo más al amor de quimeras y pitonisas.
Amo al amor-sueño, al amor-ilusión, al amor-deseo. Amo al cuento que no es real como las olas en la mar, pero aún así te estremece y tiene sabor a sal.
Amo… Amo tanto y tanto se va al viento….
Y mientras más siento, más quiero echar en llanto...
Porque es tanto lo que experimento y tanto lo que mueve este sentimiento.
Porque es tanto lo que busco y tanto lo que no encuentro…
Y es tanto lo que siento…
Que al final entre sentimientos me pierdo y sólo me queda tanta sensación…
Y tanto amargo cuento…


