de perderme por completo en tu virginal pureza, en tu soledad,
y en esa grandeza que sólo los seres que son puros como tú
pueden desplegar frente a los ojos contaminados,
sucios, mundanos de un ser como yo.
Tu inusitada sencillez le dio un revés a la madrugada,
convirtiendo todo en una cascada de luz y brillantez.
Y tú, sentada, dejándote admirar por mí,
dejándote amar por mi corazón,
dejándote sentir por esta extraña obsesión por ti.
Tu inmaculada piel, mezcla de porcelana y marfil,
se mezcló con mis ganas de tocarte, de sentirte,
te besarte, de abrazarte, de acariciarte,
de amarte; y me perdí en ti.
Y me perdí, y te amé,
y te acaricié, y te abracé, y te besé
y te sentí, y te toqué, tanto así
que toda mi existencia preció reducirse,
limitarse, resumirse
a esos instantes junto a ti.
Tu indescriptible belleza se mezcló con mis irrefrenables ganas de mirarte;
y te miré...
Tu inmaculada piel, mezcla de porcelana y marfil,
se mezcló con mis ganas de tocarte, y te toqué...
Tu inusitada sencillez le dio un revés a toda mi existencia,
y me perdí...
Y me perdí, en ti...