una mañana cualquiera;
una tarde nublada,
una noche de primavera.
Un día,
una mañana cualquiera te encontraré,
ángel disfrazado de mujer, musa, quimera;
uno de estos días llegarás a quitarme esta pena.
Mientras tanto
te seguiré escribiendo poemas,
poemas llenos de amor,
sentado en la acera.
Un día,
una mañana cualquiera;
una tarde nublada,
una noche de primavera.
Sé que llegarás,
mujer de ojos de mar,
de piel de mármol,
de cabellos de enredadera.
Sé de cierto que vendrás,
que llegarás a terminar con mi soledad,
con mis ansias de amar,
con esta dolorosa condena.
Un día,
una mañana cualquiera,
una tarde de abril,
una noche de música y velas.
Ven ya, ojos de abril;
ven ya, ojos de aceituna y salmuera;
ven a saciar esta sed
que me mata y me atormenta.
Ven a saciar esta sed de ti,
de tus besos, de tus caderas;
ven y dame ya un porvenir,
ven y enséñame la vida eterna.
Un día llegarás,
ángel de ilusión, musa, quimera;
una mañana cualquiera,
una tarde febril, una noche de rocío y estrellas.
Y mientras, te seguiré soñando así,
besándote toda, entera;
mientras seguiré pensando en ti,
en tos ojos, en tus valles y tus sierras.
Mientras seguiré amándote en soledad,
ángel disfrazado de mujer,
musa de mil poemas,
quimera.
Sé que llegarás un día,
una mañana cualquiera;
una tarde nublada,
una noche de primavera.